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A más calor, más sandía
| Imagen tomada de: elblogdejoseantoniodelpozo.blogspot.com |
Toda la exuberancia tropical del Africa se encuentra encerrada en este enigma de corteza verde que es la sandía. Su exultante pulpa roja se consideraba objeto de veneración en ese continente, y los antiguos faraones las tenían por uno de sus tesoros más preciados, en una tierra de desierto que comprende bien el valor del agua. El medievo nos las dio a conocer, junto a la cultura de Al Andalús, ofreciendo la riqueza de su jugo. Y entonces como ahora una tajada de sandia en un día ardiente significa al mismo tiempo saciar hambre y sed.
Todavía pueden verse en los mercados de verano de algunas poblaciones camiones y puestos con centenares de sandías. De dimensiones considerables, una sandía mediana alcanza con facilidad los cinco kilos, por lo que en ocasiones se vende partida por la mitad. Las hay con la piel de un verde oscuro y algunas más claras, o a franjas de distintos tonos. Algunas son verdaderamente redondas y otras ligeramente ovaladas. La pulpa suele ser roja o de color rosa subido de tono, aunque también las hay más claras, casi amarillas o ligeramente rosadas. Toda la pulpa está salpicada de sus peculiares semillas. Sólo algunas variedades híbridas carecen de ellas. Para poder elegirla dulce y jugosa conviene que tenga peso y que la corteza ceda ligeramente a la presión de los dedos. Algunas presentan una mancha pálida que delata sobre que parte ha descansado cuando estaba en la mata. La falta esta mancha significa que ha sido cosechada inmadura y tendrá menos sabor. Un ligero golpe con la palma de la mano ahuecada debe producir un sonido sordo.
Comer sandía tiene un efecto parecido a tomar una bebida isotónica, que refresca porque además de un 93 % de agua ofrece una valiosa riqueza en sales minerales, oligoelementos, vitaminas y un pequeño porcentaje de azúcares. De este modo el líquido se estabiliza y aprovecha al máximo. Es especialmente recomendable para calmar la sed en su época natural de verano, cuando el calor provoca una gran sudoración y pérdida de líquido y sales minerales. Esta gran riqueza de líquido y nutrientes se ha aprovechado tradicionalmente para ayudara a la producción de leche en las madres lactantes, así como para bajar la fiebre de un modo natural en las pequeñas infecciones. Es característica su acción diurética y desintoxicante, una verdadera fuente de limpieza interna, que viene potenciada por la presencia de potasio frente al bajo nivel de sodio. Estimula el funcionamiento de los riñones y las vías del sistema urinario, para que funcionen con mayor eficiencia, sin problemas de retención de líquidos, edemas ni celulitis. Carente de grasas, y con menos azúcares que otras frutas, su nivel calórico es muy reducido, por lo que se puede utilizar como fruta base para dietas depurativas y adelgazantes, acompañada de otros platos crudos o hipocalóricos. Además, tiene la virtud de ser muy saciante, elimina el apetito y contribuye a limitar el consumo de otro tipo de alimentos más calóricos.
Algunos de los compuestos que nos aporta tienen una actividad antioxidante, protectora de las células, los tejidos y la piel. Entre ellos destaca el licopeno, que es un caroteno precursor de la vitamina A causante de su característico color rojo y que tiene una importante función anticancerosa y protectora de las arterias. La proporción de las antioxidantes vitaminas C y E es discreta, pero representativa, ya que la sandía es una fruta que se consume en cantidades considerables por ser tan digestiva y ligera. Otros oligoelementos con esta función son el zinc, el cobre y el manganeso, todos ellos bien representados en la sandia, y que actúan como activadores enzimáticos y en la separación del superóxido dismutasa, lo cual repercute activamente en la prevención y tratamiento de enfermedades crónicas y degenerativas. Otros aspecto que le ha valido su merecida fama de remineralizante es la presencia d minerales tan impor6tanes para la salud e huesos y dientes como el calcio, el magnesio y el fósforo, así como del antianémico hierro. También se encuentran vitaminas del grupo B, tiamina, riboflavina y niacina, que colaboran en una acción antiestrés.
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